June 2010

Tábata es el número 252

Cuando fue firmado por los Yankees de Nueva York en Venezuela en 2004, José Tábata era uno de los mejores prospectos del momento y por ello recibió uno de los bonos más altos para la fecha.

Pasaron cinco años para que el joven jardinero llegara a un entrenamiento primaveral con un chance real de quedarse en las mayores. Luego de batear 308 en 53 partidos 42 anotadas, 19 empujadas y 25 robos, el muchacho fue subido a las mayores después de un juego en Indianápolis.

“Estaba comiendo luego del juego en el que bateé de 2-1 con 3 robos y 2 anotadas, cuando el manager me llamó a su oficina”, comenta Tábata. “Me preguntó si me dolía algo porque pensaba que no había jugado fuerte y me entregó un sobre. Lo agarré mientras me decía que era el pasaje para Washington”.

Todo el que se pone un uniforme sueña con jugar en las mayores algún día y para  Tábata ese día ya llegó.

“Siempre tuve la fé de que llegaría y finalmente lo logré, es algo inolvidable” dice con una sonrisa que no le cabe en el rostro. “Estoy contento conmigo y con mi familia, ahora me toca mantenerme fuerte y seguir trabajando”.

Para algunos es traumático ese primer viaje a las mayores sin saber a ciencia cierta que esperar, pero para el venezolano fue fácil ya que al llegar al hotel lo esperaba su compatriota Carlos García, uno de tres coaches venezolanos en el equipo grande (Luis Dorante y Heberto Andrade, los otros dos). Por cierto, luego de llamar a su madre (Tibisay Pereira) y su padre (Milvio Tábata), García fue el tercero en enterarse por boca del pelotero de su ascenso.

“Me demoré como media hora desde que llegué al hotel hasta que llegamos al estadio”, recuerda el nuevo bucanero. “El estadio me sorprendió realmente y ví mi sueño realizado”.

Recuerda claramente que calentó su brazo por primera vez en un estadio de grandes ligas con Neil Walker y que el hecho de contar con el apoyo de García, Andrade y Dorante lo hizo sentir mucho más cómodo, como en familia.

“Ví algunos videos antes del partido del lanzador que enfrentaría pero siempre he dicho que es el mismo beisbol y tienen que lanzarme por ahí”, analiza sonriendo. “Pensé en dar un hit de una vez y me concentré como si estuviera solo en el estadio, y ante el segundo pitcheo que ví (el primero fue bola adentro) conecté mi primer hit ante una recta adentro”.

Fueron dos hits con el madero y varias participaciones con el guante en el debut del venezolano número 252 en las mayores. Desde que su padre le habló de la grandeza de Roberto Clemente, Tabata utilizó al boricua miembro de Cooperstown como un norte a seguir.

El destino le permitió debutar en las mayores en la misma ciudad donde jugó toda su carrera Clemente y eso pudiera ser un augurio de las cosas buenas por venir para Tábata , con el número 31 en su espalda, y para los Piratas.

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